Propuestas de la Plataforma ante los rebrotes Covid19

La plataforma en defensa de la sanidad insta a realizar los tests antes de 48 horas

Reclama un plan específico de Salud Mental y la creación de una industria pública de dispositivos sanitarios

La «crisis económica y social» provocada por la COVID-19 y la experiencia vivida desde que llegó la pandemia ha llevado a la Plataforma por la Salud y la Sanidad Pública de Asturias a tomar nota y elaborar diez propuestas para hacerle frente en los próximos meses. Plantea desde el desarrollo de un plan específico de Salud Mental hasta la creación de una industria pública en Asturias de dispositivos sanitarios. Pero hay más. Esta plataforma exige realizar las pruebas a todos los pacientes sospechosos y contactos estrechos en un tiempo máximo de 48 horas, para «asegurar una respuesta adecuada en los próximos meses». En este sentido, insiste en contar con los suficientes rastreadores y con mantener los dispositivos para realizar las pruebas «ante un previsible e importante aumento de la demanda».

Así, reclama incrementar los recursos en salud pública y vigilancia epidemiológica con estructuras de salud pública en las áreas, en cooperación con Atención Primaria y las corporaciones locales. Sobre esta cuestión, pide a su vez aumentar inicialmente la partida presupuestaria al menos hasta un 2,5%. En materia legislativa, busca implementar leyes como la general de Salud Pública así como la de Salud del Principado. Critica también las «dificultades en el inicio para realizar pruebas diagnósticas y en la protección de los sanitarios y los servicios esenciales». Por esta razón, defiende que hay que garantizar la adecuada protección de los mismos a través de un fondo de reserva de material sanitario.

Uno de los elementos clave en la gestión de esta crisis ha sido Atención Primaria. En este ámbito, plantea mejorar la accesibilidad a los centros de salud y evitar las aglomeraciones, así como potenciar las consultas telemáticas y telefónicas, incrementar la atención domiciliaria, asegurar una trabajadora social en cada centro de salud, y poner en marcha acciones para mejorar la atención a personas vulnerables. Eso sí, no olvidan recoger la más demandada durante las últimas semanas: la reapertura de los consultorios periféricos. Este colectivo exige reforzar la Atención Primaria, a través de aumentar la asignación hasta el 20% del presupuesto del Servicio de Salud del Principado (Sespa) y dotar de más personal. También reclama recuperar las actividades de promoción y prevención, así como la visita domiciliaria y la atención comunitaria.

Unos de los colectivos más afectados por la virulencia del coronavirus fueron los usuarios de las residencias de mayores. Pensando en ellas, esta plataforma pide una estrategia postdiagnóstico del deterioro cognitivo y desarrollar e implementar la ley de Autonomía Personal y Dependencia. De cara a los trabajadores, reivindica mejoras salariales, profesionales, de seguridad laboral y el reconocimiento social de las trabajadoras de cuidados. Asimismo, propone planes específicos, previa auditoria, para los ratios de personal, apoyo del centro de salud, entre otros.

Asimismo, recuerdan la idoneidad de medidas como la participación de la comunidad. En este sentido, incide en que «la herramienta clave de esta estrategia son los Consejos Municipales de Salud». También resalta la necesidad de que las administraciones locales cooperen con Salud Pública y los centros de salud.

Pacto político

Esta plataforma promueve un plan estratégico de salud y el bienestar social en todas las políticas, así como un pacto por la Sanidad Pública en Asturias en el que confluyan todas las fuerzas políticas y sociales para, entre otras cuestiones, asegurar suficientes recursos que eviten el déficit estructural, la derivación a centros privados, y capacidad para responder al reto de las listas de espera.

Así las cosas, pone sobre la mesa políticas «activas de salud comprometidas contra el cambio climático y la contaminación» y contra la «medicalización, el consumismo y el despilfarro» y como soluciones pide potenciar las comisiones de evaluación, centralizar el 100% de las compras, prohibir el patrocinio de la industria en educación, en el sector de la salud. Con todo ello, aboga por un nuevo contrato con la investigación y la producción tecnológico. Sobre esto, propone una agencia regional anti-fraude sanitario y gestión de conflictos de intereses.

Epidemia y activos de salud

Editorial de Gaceta Sanitaria, publicado el 6 de Mayo de 2020

«Epidemias, virus y activos para la salud del barrio»

Mariano Hernán-García,Jara Cubillo-Llanes,Daniel García-Blanco,Rafael Cofiño

Xian Lu se mudó a Wuhan para cocinar 400 comidas diarias para personal médico durante el pico de la crisis por COVID-19 en la ciudad. Él es uno de los jóvenes reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas debido a su esfuerzo en la lucha solidaria contra la pandemia1. En Granada, una médica de familias y comunidades y un médico residente de esa especialidad reorientaron su radio del barrio del Albaicín para informar y compartir con el vecindario las iniciativas Ajuntamientos, Comité de cuidados y otras muchas acciones vecinales y activos del barrio2Somos Tribu3, en Madrid, es uno de los miles de ejemplos de la abundancia de redes de solidaridad vecinal en todo el mundo. Desde algunas instituciones también se han puesto en marcha iniciativas para mejorar el día a día de las personas. Sirvan de ejemplo la Plataforma Utebo en red sin virus4 o la del Ayuntamiento de Donosti5, como muestra de muchas otras.

La acción comunitaria es la base de esas experiencias que han surgido para la dinamización de las relaciones de cooperación entre las personas de una comunidad, con el fin de mantener o mejorar el bienestar. De esta manera promueven el desarrollo y la construcción de lo que denominamos salud comunitaria: expresión colectiva de la salud individual y grupal en una comunidad con unas determinadas características individuales, familiares, del medio social, político, económico, cultural y ambiental6.

Pretendemos enfatizar la importancia que tiene para la salud pública comprender las aportaciones creativas de las comunidades, utilizando sus habilidades y aprovechando los talentos del vecindario7 para afrontar los retos de la vida cotidiana. Esto nos permite ver cuán robusta, solidaria y conectada es nuestra sociedad, y qué capacidad tiene su capital social de fomentar o proteger la salud8.

¿Consumir sanidad o coproducir nuestro propio bienestar juntos? Ante una pandemia, la tentación de desdibujar a cada una de las personas, una a una, de un barrio o una ciudad, es casi imperceptible, pero real. La gente contaminada por un virus, o con miedo a ser contaminada, tiene sus propias formas de vivir, algunas saludables, procedentes de las redes, del entorno, de la cultura o de la vida cotidiana, y otras no. En situaciones de emergencia surge la solidaridad y se crean nuevas redes de colaboración frente a un objetivo común, iniciativas que refuerzan la acción comunitaria y el apoyo entre personas de barrios y pueblos para preservar la salud comunitaria6.

Lo colectivo y la participación tienen efecto sobre el empoderamiento de la población y sobre el manejo de las condiciones de vida. Aunque todavía son necesarios más estudios para relacionar el efecto de la participación de la comunidad en forma de resultados en salud, esta es clave en el establecimiento de prioridades para impulsar la mejora de la atención sanitaria9. Las intervenciones desde el sector salud que utilizan la participación de la comunidad se benefician del aprendizaje contextualizado, las relaciones de confianza en la organización y el enfoque de la salud equitativo y basado en los derechos y en la optimización de las intervenciones de salud pública10. La dinamización de las relaciones y redes puede ser de gran importancia para disminuir la transmisión del virus al contribuir a la comunicación, haciendo accesible el conocimiento, detectando necesidades y promoviendo mecanismos de cooperación. La conexión de los colectivos vecinales con los recursos profesionales podría ser hipotéticamente multiplicadora de la efectividad de la promoción de la salud11.

La acción comunitaria tiene un papel importante cuando se trata de identificar y comprender las nuevas necesidades, vulnerabilidades, barreras, percepciones de riesgo y comportamientos; también lo tiene con relación a los conocimientos, las acciones y las estrategias de resistencia empleadas por el vecindario. Ahora tenemos el reto de profundizar de forma rápida y cualitativa en la narrativa de las personas que están padeciendo y de las que se están organizando en cada territorio; las necesidades serán diferentes y nuevas, surgidas durante la epidemia o relacionadas con lo que ya se sabía, pero investigar sobre ello nos va a servir para dar una respuesta rigurosa a la situación12.

El desarrollo del modelo de activos para la salud en ciertas colectividades anglosajonas es un mecanismo de protección de la comunidad ante la inexistencia de los servicios públicos. En nuestra sociedad, uno de los mayores activos es el estado democrático, y con él la protección colectiva de la población con criterios de equidad. No podemos caer en el error de pretender que sea la ciudadanía organizada la que genere ella sola mecanismos de protección de la comunidad y, de paso, reducir los servicios públicos. Tampoco es lógico que las instituciones generen respuestas dejando fuera la participación de las redes vecinales de cada barrio, que conocen el territorio y son reconocidas por quienes viven en él. Apostar por la salud comunitaria implica una ciudadanía activa y unos profesionales y unas instituciones públicas fuertes en recursos y en políticas que garanticen el bienestar y la protección colectiva de la población con criterios de equidad13. En una situación excepcional, como la que se ha determinado tras el estado de alarma con el Real Decreto 463/2020 de 14 de marzo14, esto es aún más necesario.

El periodo de desescalada y de posibles nuevas ondas epidémicas que vamos a vivir nos tiene que servir para reforzar el papel del Estado y de los servicios públicos como activos fundamentales en nuestra democracia, articulando con la ciudadanía, que se organiza día a día a pie de calle, un Estado fuerte para la respuesta desde las instituciones públicas. Al actuar se hace necesario promover, desde el principio, un diálogo local entre las comunidades, las instituciones y los servicios públicos (atención primaria de salud, salud pública, servicios sociales, educación, asociaciones y otros) para trabajar con la información precisa y adaptada a cada circunstancia y contexto; un diálogo a través de canales normalizados, a todos los niveles y a lo largo de toda la respuesta, para facilitar la participación activa en el proceso, movilizando acciones, recursos y activos para la salud, sin dejar a nadie atrás. El reto para la salud pública es investigar sobre la efectividad de la salud comunitaria basada en activos tanto desde el conocimiento científico como desde el conocimiento lego15 y la ayuda mutua.

La acción comunitaria también debe ser repensada en un escenario con nuevas medidas de prevención y seguridad: garantizar la distancia física, disminuir la densidad de personas en reuniones y en actos, y evitar acciones bienintencionadas pero que sin protección pueden generar una situación de incremento del riesgo epidémico. Esta nueva forma de generar cohesión social manteniendo la distancia física también nos servirá para tener nuevos modelos y nuevas prácticas de relación inimaginables hace unas semanas.

En situación de confinamiento hay personas que son capaces de afrontar los problemas con recursos y formas de hacer creativas y solidarias. A pesar del confinamiento y del distanciamiento social o físico, a pesar de la desaparición del espacio público y de los lugares de encuentro, las personas han encontrado formas de organizarse y cooperar con otras. Ante nuevas grietas, es probable que estemos aprendiendo a hacer nuevas costuras16 del barrio, del pueblo, identificando cuáles son los activos personales, grupales o sociales que pueden ayudar a afrontar mejor la crisis. Se ha buscado la forma de visibilizar, poner en común y ofrecer las pequeñas riquezas a quienes más las necesitan, creando redes locales de apoyo para compartir ayuda durante el confinamiento. Estas redes, diversas y de colaboración, en algunas ocasiones han surgido desde las instituciones o desde los servicios, y en otras desde la ciudadanía; algunas son unidireccionales y otras vienen de un trabajo intersectorial y una amplia participación previa17. Surgen en lugares donde ya existían procesos participativos en marcha que pueden haber facilitado la organización o nacen simplemente de la necesidad de dar respuestas coordinadas y contextualizadas. Es necesario desarrollar investigación y estudios rápidos, con orientación de investigación-acción participativa, que permitan consolidar esta impresión sobre el capital social para seguir avanzando en el conocimiento sobre el modelo de activos para la salud y sus repercusiones para la salud pública18.

La idea de coproducción en el contexto de la salud comunitaria reconoce que las personas que usan los servicios de atención social o sanitaria y sus familias tienen conocimientos y experiencia que pueden usarse para ayudar a mejorar los servicios, no solo para ellos mismos, sino también para otras personas que necesitan atención social19. Quienes siempre han vivido al día tienen mucho que decir sobre cómo manejarse en situaciones de aislamiento y estrés psicosocial; por ejemplo, las personas con diagnóstico de trastorno mental grave puede que hayan desarrollado recursos y conocimientos que pueden ser útiles para trabajar con sus iguales. Por ello es clave plantearnos cómo reforzar los vínculos y la cohesión social.

Desde los enfoques avanzados de servicios sociales se recomienda revisar cómo nos cuidamos desde la comunidad, con reciprocidad, solidaridad, intercambio y estado social de derecho20. Aquí es relevante poner énfasis en las situaciones de exclusión y dar soporte equitativo, pensando en quienes están en mayores dificultades21. Coproducir salud en nuestras comunidades es tarea de todos, pero es muy importante identificar de manera rigurosa las riquezas en servicios, recursos naturales y ambientales, infraestructuras, asociaciones, instituciones, culturas, diversidades, personas y economías del lugar22. Sin embargo, los activos, por su subjetividad, pueden variar durante una emergencia: ciertos recursos físicos de los territorios, como los parques, las aceras, los bancos, etc., han perdido importancia durante el confinamiento, pero volverán a ganarla, mientras otros, como las casas, los balcones y los comercios, han formado parte del día a día de las personas. En las comunidades vecinales en las que las personas se encuentran cada día a las 20:00 h adquiere un nuevo valor esa forma de proximidad.

Habrá que estar atentos a la evolución de la crisis y establecer mecanismos para detectar cómo los activos se van transformando para adaptarse a las nuevas circunstancias y ver en cada momento cuáles son los más adecuados para generar salud y bienestar. Para esta tarea es indispensable la participación ciudadana, pero también es necesaria una clarificación de términos para no confundir una participación cosmética o manipulada con la participación como forma de democracia popular y como responsabilidad de la comunidad, una participación en la que las personas tengan poder en el momento de tomar decisiones, que sea amplia, inclusiva y tenga en cuenta la diversidad23.

Muchos estudios han demostrado que vivir en una situación de injusticia social ocasiona estrés, que puede ser el origen de procesos inflamatorios que derivan en enfermedades2425. La sociología de la salud y la medicina social identifican la brecha que en el seno de una sociedad genera la injusticia social, y ahora la COVID-19 nos la coloca en primer plano.

Tenemos el deber de reducir el déficit de salud, y más aún cuando la incertidumbre de una pandemia acecha desde los medios de comunicación, el escenario de la confrontación política y la propia biología, y todo aquello que pone de manifiesto nuestras debilidades como seres humanos. Por eso, los que nos dedicamos a la salud pública tenemos que comprender mejor los datos, escuchando a la gente del barrio o del pueblo y aprovechando las pequeñas riquezas que tenemos. Existen situaciones en la vida que a las personas nos hacen estar en mayor riesgo de enfermar; ahora un virus, maldito, que se lleva a nuestros mayores y a las personas más vulnerables ante él, vuelve a recordárnoslo. Y también nos recuerda que al pensar en el futuro no debemos olvidar que la relación entre salud, injusticia y estrés es muy fuerte y dañina para la salud.

Saber vivir con la COVID-19 es un aprendizaje más que conforma la importancia de la interacción de lo social con nuestra biología-genética, con la microbiología y el entorno. Por eso hemos de salir más reforzados también en lo comunitario, más realistas y transformados. Nos toca ahora un tiempo en el que debemos abrazarnos menos para poder abrazarnos y besarnos mejor en el futuro.

Contribuciones de autoría

M. Hernán elaboró el primer borrador del artículo, integrando la parte conceptual. J. Cubillo incorporó la perspectiva de las experiencias prácticas citadas y su relación con la Acción Comunitaria e incorporó nueva bibliografía, adecuando el texto a la norma de la revista. D. García revisó la perspectiva de equidad del texto y vinculó las ideas con acciones en el territorio. R. Cofiño incorporó la visión desde los servicios de salud pública y aportó lo referido a la importancia del Estado y el sector público, e hizo la revisión final del texto. El borrador final del manuscrito enviado es fruto del acuerdo entre las cuatro personas que lo firman.

Factores ambientales y meteorológicos del Covid19: DatAC

Un equipo internacional de científicos liderado por la Universidad de Granada (UGR) ha desarrollado la primera plataforma del mundo que integra información de la COVID-19 con información de factores ambientales y meteorológicos con agregación espacio-temporal por provincias y comunidades autónomas.

La plataforma, denominada DatAC (Data Against COVID-19) está disponible de forma pública en https://covid19.genyo.es/, y no solo centraliza e integra este tipo de información, sino que también implementa diferentes funcionalidades de análisis y exploración visual que permiten a los investigadores analizar de forma conjunta y buscar patrones entre las distintas fuentes de información.

«Desde el inicio de la pandemia, ha quedado de manifiesto la necesidad de disponer de información y datos fiables como parte esencial para entender los factores que afectan a la propagación del virus y la detección temprana de focos de infección. Además, vimos que algunos estudios se estaban publicando sobre la asociación entre factores ambientales, temperatura y humedad principalmente, con la prevalencia y mortalidad de la COVID-19, pero con resultados no concluyentes y, en algunos casos, contradictorios», explica Pedro Carmona Sáez, profesor del Departamento de Estadística e Investigación Operativa de la UGR y responsable del grupo de Bioinformática de GENyO, que ha desarrollado este proyecto.

DatAC UGR covid 1«Lo que pudimos constatar a partir de estos trabajos es la necesidad de tener un registro de datos amplio en el tiempo, y la gran utilidad que una plataforma que agregue estas diferentes fuentes de información puede tener para entender el efecto que estos y otros factores pueden tener en la pandemia», señala Carmona.

Niveles de contaminantes ambientales

En la aplicación no solo se ha integrado información de variables meteorológicas, sino que también tiene registros de contaminantes ambientales que ayudarán a contrastar trabajos que apuntan posibles asociaciones entre una peor evolución de pacientes con COVID-19 en zonas con alta tasa de contaminantes.

La inclusión de factores de calidad de aire también ha permitido a los investigadores, por ejemplo, evaluar el impacto del confinamiento en los niveles de contaminantes, constatando cómo las cifras de dióxido de nitrógeno (NO2) o monóxido de carbono (CO) cayeron en toda España tras el inicio del estado de alarma, de forma especialmente acusada en ambientes urbanos.

La existencia de este tipo de repositorios que integran datos abiertos está siendo esencial para el seguimiento de la pandemia, como han demostrado las plataformas Our World in Data, desarrollada por Universidad de Cambridge, o la plataforma COVID-19 map de la Universidad John Hopkins. «Estas herramientas, no obstante, solo integraban datos de COVID-19 (casos, hospitalizaciones, diagnosticados por diferentes métodos, etc.), pero, hasta donde sabemos, DaTAC es la primera herramienta en el mundo que integra y pone disponible de forma abierta a la comunidad científica datos de COVID-19, factores ambientales y meteorológicos», explica el investigador de la UGR.

DatAC UGR covid 2Este proyecto está dirigido por Pedro Carmona Sáez, y en el desarrollo del mismo y el análisis de la información han participado investigadores del Departamento de la Universidad de Granada, el centro GENYO, la Escuela Andaluza de Salud Pública y el Instituto Imagine de enfermedades genéticas de París.

Gracias a la financiación del proyecto recientemente conseguida en una convocatoria de la Junta de Andalucía, los investigadores podrán incrementar la funcionalidad de la aplicación con nuevas fuentes de información y mantenerla de forma estable para la comunidad científica