Peter Doshi: Las vacunas de Pfizer y Moderna, “95% de eficacia” – necesitamos más detalles y los datos crudos.

Las publicaciones en el New England Journal of Medicine de los ensayos clínicos de las vacunas covid19 de Pfizer-BioNTech y de Moderna no aclaran todas las  dudas esenciales. Se precisaría el acceso a los datos originales («crudos»). Publicamos a este respecto el texto de Peter Doshi, del pasado 4 de enero de 2020 en el British Medical Journal. https://blogs.bmj.com/bmj/2021/01/04/peter-doshi-pfizer-and-modernas-95-effective-vaccines-we-need-more-details-and-the-raw-data/

Este texto complementa el previo, del mismo autor, antes de la publicación de dichos ensayos clínicos en el New England, traducido y publicado en NoGracias. http://www.nogracias.org/2020/12/31/en-castellano-el-texto-de-peter-doshi-sobre-el-95-de-eficacia-de-las-vacunas-covid19-de-pfizer-y-moderna/

Por si interesa, la síntesis de los ensayos clínicos de las vacunas Pfizer y Moderna del BIT Navarra. http://www.navarra.es/NR/rdonlyres/6EAA15A8-75D9-4C43-B218-98D590FC247D/467922/FichavacunaPfizer_def.pdf

http://www.navarra.es/NR/rdonlyres/6EAA15A8-75D9-4C43-B218-98D590FC247D/468256/FichavacunaModerna_def.pdf


Peter Doshi: Las vacunas de Pfizer y Moderna, “95% de eficacia” – necesitamos más detalles y los datos crudos. Enero 4, 2021

Hace cinco semanas, cuando planteé algunas cuestiones sobre los resultados de los ensayos clínicos de las vacunas de Pfizer y Moderna para la covid-19, todo lo que había de dominio público eran los protocolos los estudios y unas pocas notas de prensa. A fecha de hoy disponemos de dos publicaciones en revistas científicas y unas 400 páginas de datos resumidos, disponibles en forma de múltiples informes elaborados por la FDA, o bien presentados a dicha agencia por cada compañía fabricante de la vacuna ARNm de forma previa a la autorización de emergencia. Algunos de resultados son tranquilizadores, otros no. A continuación comento mis nuevas preocupaciones sobre la credibilidad y la relevancia de los resultados notificados de eficacia.

“Sospecha de covid-19”

Toda la atención se ha centrado en los llamativos resultados de eficacia: Pfizer notificó 170 casos de covid-19 confirmados por PCR, 8 en el grupo “vacuna” y 162 en el grupo “placebo”. El hecho de que se obtuvieran números tan bajos de casos tiene relación con el establecimiento de una categoría de enfermedad llamada “sospecha de covid-19”; esto es, pacientes con síntomas de covid-19 sin prueba PCR que lo confirmara. Según el informe de la FDA sobre la vacuna de Pfizer, hubo un total de 3410 casos de sospecha de covid-19 no confirmados en la población global del estudio: 1594 en el grupo “vacuna” frente a 1816 en el grupo “placebo”.

Los casos de “sospecha” fueron 20 veces más que los “confirmados” y, por ello, esta categoría de la enfermedad no debería ignorarse simplemente por no contar con un resultado positivo de la prueba PCR. Al contrario, ello hace aún más urgente entender la cuestión. La estimación de la eficacia de la vacuna para evitar el desarrollo de síntomas de covid-19, con o sin un resultado positivo de la prueba PCR, estaría en torno a una reducción del riesgo relativo del 19% (ver la nota al final), muy lejos del umbral de eficacia del 50% establecido por los reguladores para su autorización. La eficacia de la vacuna se mantiene baja, 29% incluso si eliminamos los casos de comienzo en los primeros 7 días tras la vacunación (409 en el grupo con la vacuna de Pfizer frente a 287 en el grupo placebo), grupo que debería incluir a la mayoría de los casos con síntomas por reactividad de la vacuna a corto plazo (ver la nota al final).

La eficacia de la vacuna disminuiría drásticamente si muchos o la mayoría de estos casos de sospecha se hubieran dado en personas que presentaron un resultado falso negativo en la prueba del PCR. Sin embargo, sabiendo que los cuadros gripales los producen innumerables gérmenes (rinovirus, virus influenza, otros coronavirus, adenovirus, virus respiratorio sincitial, etc.), algunos o muchos de los casos de sospecha de covid-19 quizá pueden haberse debido a distintos agentes infecciosos.

Pero ¿por qué debería preocuparnos la etiología? Porque si quienes fueron diagnosticados de “sospecha de covid-19” tuvieron esencialmente la misma evolución clínica que los casos confirmados de covid-19,  la suma de casos de “sospecha” y “confirmados” podría ser una variable más interesante desde un punto de vista clínico, que solo los casos “confirmados”.

Incluso si los casos confirmados de covid-19 tuvieran en general mayor gravedad que los casos de “sospecha de covid-19”, deberíamos tener presente que, al final, no es la gravedad clínica media lo importante, sino la incidencia de casos graves que conllevan  ingreso hospitalario. Dado que los casos de “sospecha de covid-19” fueron 20 veces más que los “confirmados” y considerando que los ensayos no se diseñaron para valorar si las vacunas pueden interrumpir la transmisión del virus, parece procedente realizar un análisis de la enfermedad grave al margen de cuál sea el agente etiológico; es decir, valorar las tasas de hospitalización, casos de UCI y fallecimientos en los participantes del estudio. Esta es la única forma de evaluar la eficacia real de las vacunas para mitigar los efectos de la pandemia.

Hay una evidente necesidad de datos que den respuesta a estas cuestiones, pero el informe de 92 páginas de Pfizer ni siquiera menciona los 3410 casos de “sospecha de covid-19”. Tampoco se comenta en su publicación en el New England Journal of Medicine. Tampoco ninguno de los informes sobre la vacuna de Moderna hacen referencia a ello. La única fuente que parece haber publicado esta información es la revisión de la FDA sobre la vacuna de Pfizer.

Los 371 individuos excluidos del análisis de eficacia de la vacuna de Pfizer

También necesitamos más datos para analizar una cuestión no explicada en una tabla de la revisión de la FDA sobre la vacuna de Pfizer: 371 individuos fueron excluidos del análisis de eficacia debido a “importantes desviaciones del protocolo en los 7 días siguientes a la segunda dosis”. Lo que es preocupante es el desequilibrio en el número de individuos excluidos según los grupos de aleatorización: 311 en el grupo “vacuna” frente a 60 en el grupo “placebo”. (Por el contrario, en el ensayo de Moderna, tan sólo hubo 36 personas excluidas del análisis de eficacia debido a una “desviación importante del protocolo”: 12 en el grupo “vacuna” frente a 24 en el grupo “placebo”).

¿En qué consistían esas desviaciones del protocolo en el estudio de Pfizer y por qué se excluyeron cinco veces más participantes en el grupo “vacuna”? El informe de la FDA no lo aclara y estas exclusiones son incluso difíciles de visualizar en el informe de Pfizer y en la publicación en la revista científica.

 Medicación para la fiebre y el dolor, ausencia de enmascaramiento y comités independientes de supervisión de resultados

El mes pasado expresé mi preocupación sobre el posible papel como factor de confusión de los medicamentos para el dolor y la fiebre empleados en el tratamiento de los síntomas. Sugerí que estos fármacos podrían enmascarar los síntomas, llevando a una detección de casos de covid-19 inferior a la real, posiblemente en mayor medida en las personas que recibieron la vacuna debido al intento de prevenir o tratar las reacciones adversas. Sin embargo, parece que este posible factor de confusión tuvo muy escaso efecto : los resultados indican que los individuos del grupo “vacuna” tomaron dichos medicamentos 34 veces más frecuentemente que el grupo “placebo” (al menos en la vacuna de Pfizer; Moderna no lo publicó tan claramente) pero su uso se concentró presumiblemente en la primera semana después de la vacunación para aliviar los efectos adversos sistémicos y locales posteriores a la inyección y no parecen tener impacto en las curvas de incidencia acumulada que sugieren una tasa de casos de covid-19 confirmados casi constante a lo largo del tiempo, con fecha de inicio de los síntomas mucho más allá de una semana tras la administración de la vacuna.

Dicho lo cual, la mayor tasa de utilización de medicación en el grupo “vacuna” es motivo de preocupación sobre una posible rotura no oficial del enmascaramiento. Dada la reactividad de las vacunas, es difícil creer que los participantes e investigadores no pudieran adivinar razonablemente el grupo de tratamiento en el que estaban. La variable principal en los ensayos es relativamente subjetiva, lo que hace que la ausencia de enmascaramiento sea un importante motivo de preocupación. Ni la FDA ni las compañías han demostrado formalmente la fiabilidad del procedimiento de enmascaramiento y sus efectos sobre los datos publicados de las variables estudiadas.

Tampoco tenemos información suficiente sobre los procedimientos de los comités independientes de supervisión de resultados que contabilizaron los casos de covid-19. ¿Estaban enmascarados los datos de anticuerpos y la información sobre los síntomas de los participantes durante la primera semana tras la vacunación? ¿Qué criterios emplearon, y por qué, en el caso de evento primario como variable notificada por el paciente (síntomas de covid-19) acompañada de un resultado de la prueba PCR? Incluso, ¿eran necesarios esos comités? También es importante entender quién formaba parte de esos comités. Mientras que Moderna ha facilitado los nombres de los cuatro miembros del comité de supervisión –todos ellos médicos vinculados a la universidad-, el protocolo de Pfizer menciona que tres empleados de Pfizer realizaron este trabajo. Sí, trabajadores de Pfizer.

¿Cuál es la eficacia de la vacuna en personas que ya pasaron covid?

En los ensayos de Moderna y Pfizer, se excluyó la participación de individuos con una historia conocida de infección por SARS-CoV-2 o diagnóstico previo de covid-19. Aun así, 1125 (3,0%) y 675 (2,2%) de los participantes en los ensayos de Pfizer y Moderna, respectivamente, resultaron ser positivos a SARS-CoV-2 en el momento inicial.

No se ha reparado mucho en los resultados sobre eficacia y seguridad de las vacunas en estas personas pero, dado que cada vez es mayor la proporción de quienes han pasado la infección por covid en la población de muchos países, esta información es importante, más aún cuando los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) de EEUU recomiendan ofertar la vacuna “independientemente de la historia previa de infección sintomática o asintomática por SARS-CoV-2”. Consejo congruente con las conclusiones de la agencia sobre la vacuna de Pfizer, donde se dice que tiene una eficacia ≥92% y que “no hay motivos específicos de preocupación por la seguridad” en personas con infección previa por SARS-CoV-2.

Según mis cuentas, Pfizer aparentemente notificó 8 casos de covid-19 confirmados y sintomáticos en personas que eran positivas a SARS-CoV-2 al inicio (1 en el grupo “vacuna” y 7 en el grupo “placebo”), tal como se desprende de las diferencias entre las Tablas 9 y 10). Moderna notificó un caso (grupo placebo; Tabla 12).

Pero, con tan solo entre 4 y 31 casos de reinfección documentados en el mundo, ¿cómo es posible que, en ensayos de sólo decenas de miles de participantes, con una mediana de seguimiento de sólo dos meses, hubiera 9 casos confirmados entre quienes tenían infección por SARS-CoV-2 en el momento inicial? ¿Es esto demostración de evidente eficacia de la vacuna, tal como parecen apoyar los CDC? ¿O podría no tener relación con reinfección alguna y ser resultado de algo diferente, como la prevención de síntomas de covid-19, probablemente por la vacuna o por el uso de medicamentos que suprimen los síntomas?

 Necesitamos los datos crudos

Para abordar las muchas de estas cuestiones pendientes se requiere el acceso a los datos crudos del ensayo. Sin embargo, ninguna compañía parece haber compartido datos con ningún tercero hasta la fecha.

Pfizer dice que facilita los datos “bajo solicitud y sujeto a revisión”. No es hacer públicos los datos, bien lejos, pero al menos deja una puerta abierta. No está claro cuán abierta, ya que el protocolo del estudio dice que Pfizer sólo comenzará a dar acceso a los datos 24 meses después de la finalización del estudio.

La declaración de cesión de datos de Moderna establece que “pueden estar disponibles bajo petición una vez el ensayo haya finalizado”. Esto es, a mediados o finales de 2022, dado que la duración prevista del seguimiento es de 2 años.

Las cosas pueden ser no muy diferentes en el caso de la vacuna de Oxford/AstraZeneca, que han prometido acceso a los datos individuales por persona “cuando el ensayo haya finalizado”. En la información sobre la vacuna rusa Sputnik V, disponible en ClinicalTrials.gov, se dice que no está previsto facilitar los datos individuales.

Sin embargo, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y Health Canada, puede que faciliten datos sobre las vacunas con bastante mayor antelación. La EMA ya se ha comprometido a publicar los datos remitidos por Pfizer en su portal “a su debido tiempo”, tal como también ha anunciado Health Canada.

Peter Doshi, director asociado de The BMJ.

Chomsky y Prashad: amenazas para la vida en 2021

Fuente: 

Artículo conjunto del teórico político estadounidense Noam Chomsky y del historiador Indio, Vijay Prashad

Gran parte del mundo – fuera de China y algunos otros países – se enfrenta a un virus descontrolado ante la incompetencia de los gobiernos. Los gobiernos de países ricos han dejado de lado cínicamente los protocolos científicos de la Organización Mundial de la Salud: testar/ rastrear y aislar hasta el confinamiento temporal si así se precisa.

Es igualmente preocupante que los países hayan seguido una política de «nacionalismo de vacunas» en lugar de trabajar por una vacuna para todos. Por el bien de la humanidad, lo lógico sería suspender las normas de propiedad intelectual y desarrollar vacunas universales para todas las personas.

Aunque la pandemia es la más inmediata preocupación,  otros problemas importantes amenazan la longevidad de nuestra especie y de nuestro planeta. Éstas incluyen:

Aniquilación nuclear

En enero de 2020, los científicos nucleares establecieron que el Reloj del Juicio Final estaba a 100 segundos de la medianoche. El reloj que fue creado dos años después de que se desarrollaran las primeras armas atómicas en 1945, es evaluado anualmente por la Junta de Ciencia y Seguridad del Boletín Nuclear, que decide si mover el minutero o mantenerlo en su lugar. Estamos demasiado cerca de la aniquilación.

Los limitados tratados de control de armas nucleares están siendo triturados. Las grandes potencias tienen cerca de 13.500 armas nucleares (más del 90% están en manos de Rusia y los Estados Unidos).  La Marina de los Estados Unidos ya ha desplegado ojivas nucleares tácticas W76-2 de bajo rendimiento.

Es necesario que desarme nuclear se incluya en la agenda mundial. El Día de Hiroshima, que se conmemora cada año el 6 de agosto, debe convertirse en el día del recuerdo y la protesta.

Catástrofe climática

Un artículo científico publicado en 2018 decía: «La mayoría de los atolones serán inhabitables a mediados del siglo XXI debido a que el aumento del nivel del mar agravará las inundaciones». Los atolones desde las Seychelles hasta las Islas Marshall pueden desaparecer.

El informe de las Naciones Unidas de 2019 estimó que 1 millón de especies animales y vegetales están en peligro de extinción. Si añadimos los catastróficos incendios forestales y la severa destrucción de los arrecifes de coral está claro que la catástrofe climática, no es un peligro del futuro sino del presente.

Es esencial que las grandes potencias, se comprometan con el enfoque establecido en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo de 1992 en Río de Janeiro.

Es revelador que países como Jamaica y Mongolia actualicen sus planes climáticos – según lo estipulado por el Acuerdo de París-  a pesar de que estas naciones producen una pequeña fracción de las emisiones globales de carbono. Los fondos que se comprometieron para los países en desarrollo, para su participación en el proceso están prácticamente agotados. Mientras, la comunidad internacional tiene un comportamiento irresponsable. .

Destrucción neoliberal del contrato social

Los países de América del Norte y Europa han optado por la mercantilización de los servicios públicos, en  muchos casos entregados a fundaciones privadas y especuladores. Políticas antisociales que generan desigualdad social como resultado de la relativa debilidad política de la clase trabajadora. Es esta debilidad la que permite a los multimillonarios aumentar sus beneficios y establecer políticas que promueven la precariedad.

Los países no deben ser juzgados por sus textos constitucionales, sino por sus presupuestos anuales. Estados Unidos, por ejemplo, gasta casi un billón de dólares en su maquinaria de guerra, mientras que gasta una fracción de este monto en los servicios públicos (como en atención médica, algo evidente imprescindible durante la pandemia).

La venta de armas es muy importante en la política exterior de los países occidentales y ha sido clave en el reconocimiento de Israel por parte de los Emiratos Árabes Unidos y Marruecos; mientras que los derechos de los palestinos, los saharauis y el pueblo yemení no influyeron en estos acuerdos. El uso de sanciones ilegales por parte de Estados Unidos contra 30 países, incluidos Cuba, Irán y Venezuela, se ha convertido en una parte normal de la vida, incluso durante la crisis de salud pública del COVID-19.

La lucha por la supervivencia es el horizonte para miles de millones de personas en el planeta, mientras China ha sido capaz de erradicar pobreza.

La aniquilación nuclear y la extinción por catástrofe climática son amenazas gemelas para el planeta. Y son urgencias que cuestionan el futuro de nuestros hijos y nietos.

Los problemas globales requieren cooperación global, como se acordó en el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (1968) y no fue posible conseguir en la Declaración sobre el Establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional de 1974.

En definitiva, hoy nos parece obligatorio organizar un internacionalismo fuerte y sólido que enfrente de manera adecuada e inmediata a los peligros de la extinción: extinción por guerra nuclear, por catástrofe climática y por colapso social. Las tareas que tenemos por delante son abrumadoras y no pueden aplazarse