La guerra comercial que se avecina a propósito del Covid-19

iNFOLIBRE Publicada el 05/07/2020
Varios viales del antiviral Remdesivir, fabricado por Gilead Sciences.

Varios viales del antiviral Remdesivir, fabricado por Gilead Sciences.

Hemos arrancado ya la mitad de las hojas del calendario de este 2020 y la mayoría de ellas las hemos quitado deseando recibir una noticia esperanzadora que contribuyera a acabar con la pandemia. Este viernes, casi cuatro meses después de que el covid-19 obligara al Gobierno a decretar el estado de alarma en nuestro país, saltaba la noticia de que Bruselas autorizaba la comercialización del primer fármaco para combatir la enfermedad: el Remdesivir. Apenas unos días antes, el 25 de junio, la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés) daba luz verde al medicamento. La Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) ya lo había hecho y Japón también. Gracias a este antiviral la infección avanza más despacio y los pacientes de gravedad moderada —los que no requieren ventilación— se curan antes. Sin embargo, estas noticias que a priori parecen positivas han quedado empañadas por otras no tan buenas. Gilead Sciences, los laboratorios estadounidenses que lo producen, han decidido aplicarle un precio de venta muy superior al de su coste. Y Estados Unidos ha decidido hacer acopio de toda la producción de los próximos tres meses. Una decisión, dicen los expertos, que podría repetirse con una vacuna.

Desde que comenzó la pandemia la ciencia ha trabajado a contrarreloj para encontrar una solución a la misma. Una vacuna, un tratamiento, algo. Entonces apareció el Remdesivir, un fármaco que, además, ya estaba inventado. Se creó para combatir el ébola en el año 2013, pero no dio resultado. Fue entonces cuando se decidió reconvertirlo en tratamiento para otros virus SARS como el el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) de 2015 y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV) de 2003. Entonces surgió la pregunta: ¿y si funcionara también para el SARS-CoV-2? Y se descubrió que lo hace. Concretamente, consigue que el virus no haga copias de sí mismo a tanta velocidad y, así, pausa su reproducción dentro del organismo de la persona infectada. Logra de este modo, según un estudio del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos (NIAD, por sus siglas en inglés), que el tiempo de recuperación de los pacientes más graves se reduzca de 18 a 12 días.

Tras ser aprobado por los organismos sanitarios, hubo que ponerle precio. El problema es que, a juicio de Vanessa López, directora de la organización Salud por Derecho, el que se ha fijado es «abusivo, desorbitado e injusto». La farmacéutica Gilead fijó el precio del vial —la dosis— en 390 dólares, es decir, unos 347 euros. Eso supone que un tratamiento de cinco días con seis viales diarios dedicados única y exclusivamente a un paciente ascendería a 2.340 dólares, 2.083 euros. Pero un estudio de la Universidad de Liverpool, dice López, ha estimado que, en realidad, el coste de producir el fármaco para un paciente es de seis euros. «La diferencia es muy notable. Tendríamos que estar hablando de un precio que pueda ajustarse a los costes y dando un margen de beneficio razonable», señala López. Sin embargo, según Gilead, el precio es justo porque ahorraría costes a los sistemas de salud al permitir que los ingresos hospitalarios sean más cortos. «Con esos argumentos estamos viendo que aquello que decían las farmacéuticas de que no iban a hacer negocio con la pandemia en realidad no va a ser así», lamenta la directora de Salud por Derecho, que denuncia que esto mismo «ocurre con todos los fármacos».

¿Por qué? Javier del Águila, médico residente de Salud Pública, lamenta que ocurra así porque «los fármacos están en manos de unas industrias completamente privadas que legítimamente buscan su lucro» y que, además, «tienen un entramado legal con el tema de las patentes con el que se dedican a extorsionar a todos los países del mundo». «No existe ningún mecanismo de control, funciona con las negociaciones entre los países y las farmacéuticas, que tienen un poder y una capacidad de influencia inimaginable«, añade. Ellas desarrollan el medicamento, ellas fijan su precio.

Roberto Sánchez, presidente de la plataforma No, gracias, explica que «en Estados Unidos, por ley, no está permitida la regulación de precios de los medicamentos por parte de los Estados». «Allí tienen una regulación muchísimo más laxa que se corresponde con su cultura política y con su cultura administrativa que entiende que el Estado tiene mucho menos peso y que el mercado tiene un papel preponderante con un poder de decisión sobre las reglas muchísimo más grande», dice. En Europa funciona de manera diferente. «Los ministerios de Sanidad de los países tienen comisiones de fijación de precios y capacidades más regulatorias, pero el problema es que la producción de fármacos está allí y no podemos controlarla», lamenta.

¿Significa eso que España, en caso de querer adquirir Remdesivir, tendría que pagar el precio impuesto por Gilead sin ninguna alternativa? «El precio de salida lo pone la compañía, pero España podría intentar negociar«, explica. Conseguir el éxito o no ya es otra cuestión, dice.

La incapacidad de una respuesta global a un problema global

Pero la polémica en torno al Remdesivir no acaba en su sobrecoste. Estados Unidos decidió comprar casi todas las existencias del antiviral a Gilead hasta septiembre. Durante los próximos tres meses, cualquier otro país que quiera acceder al medicamento lo tendrá más que complicado. La Aministración Trump ha adquirido, en total, 500.000 dosis, es decir, toda la producción prevista para este mes de julio y el 90% de la prevista para agosto y para septiembre. «En la medida de lo posible, queremos asegurarnos de que cualquier paciente estadounidense que necesite Remdesivir pueda obtenerlo», dijo el secretario de Salud y Servicios Humanos de EEUU, Alex Azar.

En paralelo, explica López, «la compañía Gilead ha suscrito acuerdos de licencias voluntarias con varias empresas de medicamentos genéricos que venderán Remdesivir a 127 países«. Todos, resalta Sánchez, en vías de desarrollo. Lo preocupante, según la directora de Salud por Derecho, es que en este caso la producción sigue estando «controlada» por la farmacéutica estadounidense. Es ella la que decide con quién hacer los acuerdos y la que negocia a qué países llevar el genérico. «Es un tema grave porque es un tratamiento al que el mundo va a tener una disponibilidad limitada por la posición de Estados Unidos. Es una injusticia que haya un fármaco y que no pueda haber un acceso global a él», denuncia Sánchez.

Ya ocurrió, dice, con los equipos de protección individual (EPI), con las mascarillas y con los test. «La pandemia ha puesto de manifiesto la falta de capacidad de una acción coordinada en temas de salud. Es un problema global pero no hay una institución global preparada para dar una respuesta internacional a la enfermedad, ni para dar con un tratamiento ni para encontrar una vacuna», lamenta el presidente de No, gracias. Hallar la inmunidad frente al covid-19, de hecho, se ha convertido en una larga carrera de fondo sin fecha clara para vislumbrar la meta. Precisamente este viernes, el doctor Mariano Esteban, investigador del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, vaticinó que «hasta finales de 2021 no habrá una vacunación global». Actualmente, y según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de este jueves 2 de julio, hay 129 proyectos que ya han encontrado un candidato a vacuna y se encuentran en fase preclínica. Además, hay otros 18 que la han superado y están en fase clínica, con pruebas en humanos.

Sin embargo, todos los expertos consultados por infoLibre creen que cualquier país podría hacer lo mismo que ha hecho Estados Unidos con el Remdesivir y apropiarse de las dosis cuando, al fin, la ciencia encuentre una vacuna. De hecho, dice Sánchez, «ya hay países que están firmando contratos de exclusividad con algunas compañías para reservarse su cuota». «Y ni siquiera la tenemos todavía», advierte. Trump, precisamente, ya ha intentado hacerlo. Según una información del diario alemán Die Welt recogida por El Mundo, el presidente habría ofrecido «grandes» sumas a la empresa alemana CureVac para desarrollar una vacuna «solo para Estados Unidos».

Europa ha dado pasos en el sentido contrario. Francia, Alemania, Italia y Países Bajos constituyeron la bautizada como Alianza Inclusiva por la Vacuna contra el covid-19 con el objetivo de «trabajar juntos» y aumentar la capacidad de producción de una posible vacuna para obtener el mayor número de dosis posibles «para los países de la Unión Europea y más allá», según aseguró el Gobierno holandés a través de un comunicado. «Según este acuerdo, la compra será conjunta y la Comisión Europea distribuirá las dosis de manera equitativa para que un solo país no compre todas«, explica Del Águila. Esto, de todos modos, tampoco es una solución mágica. «Si Estados Unidos llega y pone el cuádruple de dinero encima de la mesa, puede quedársela», lamenta

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