Listas de espera en Asturias. Informe

El acceso en Asturias a la atención primaria, especializada, pruebas diagnosticas y cirugía. Aquí se exponen varias ideas, datos y propuestas para un debate sobre el tema que va a llevar a cabo la Plataforma por la Defensa de la Sanidad Pública en Asturias.

“Si me pierdo de vista, esperadme en la lista de espera”, Joaquín Sabina.

Las listas de espera son un problema de gran trascendencia personal, social y asistencial. En las listas de espera, los pacientes sufren dolor, restricciones en su calidad de vida, dificultades cotidianas, laborales o económicas, ansiedad, stress y, en algunos casos, pueden limitar su recuperación, incluso su vida.

Son también un termómetro que mide la capacidad y eficiencia del sistema sanitario: Unas listas descontroladas y excesivas constituyen una barrera a la atención sanitaria y contradicen el derecho universal a la protección de la salud.

Las esperas prolongadas o inadecuadas pueden ser, por tanto, graves para los pacientes, crean alarma social, deterioran el prestigio del Sistema Público de Salud y promueven la huida hacia el sector privado. Finalmente, las demoras excesivas también sitúan a los profesionales ante un difícil dilema ético cotidiano.

LA SITUACION DE LAS LISTAS DE ESPERA EN ASTURIAS ES PEOR QUE NUNCA. Las cifras son abrumadoras, 120.000 asturianos están pendientes de una cita o una llamada de los servicios sanitarios (el 12% de la población), en muchos casos la atención se efectuará con prontitud, pero no ocurre así en la mayoría de las demandas: Más de 50.000 pacientes esperan por una primera consulta de especializada, cerca de 20.000 por una intervención quirúrgica, más de 20.000 pendientes por pruebas diagnósticas… Y en demasiados casos las demoras son simple y llanamente indedas e  inaceptables.

Existe, así mismo, una gran opacidad. No hay información veraz ni transparente a la ciudadanía, sigue funcionando el famoso “ya lo avisaremos” y la web oficial “Asturias Salud” sólo ofrece algunos datos, no todos, con retraso y sin la periodicidad necesaria. No existe un protocolo para entrar en lista, lo que facilita las manipulaciones y trucos contables para enmascarar las esperas. Algunos ejemplos:

– En la transición de AP a Especializada, las consultas preferentes funcionan por FAX y no se entra en lista hasta la inscripción manual del paciente. También ocurre al pedir una consulta preferente que se le pida al paciente que si en 15 ó 20 días no le han llamado, acuda otra vez al Centro.

– Se ofertan cirugías en otros Centros, aunque no sean del sector público o incluso de la región, los pacientes que rechazan esta alternativa pasan a la cola de la lista con una demora de cero días.

– Una “intercurrencia” médica que obliga a retrasar la cirugía se utiliza para poner el contador de la demora a cero, es decir, se anula la espera previa del paciente.

– La caducidad del preoperatorio, cuando excede de 6 meses, y una nueva consulta pre-anestésica se utiliza para colocar nuevamente el contador de la demora a “cero”.

En resumen, se mantiene un buen acceso a las consultas de AP, habitualmente en un plazo de 24 horas, aunque ya hay signos de alarma con algunos Centros de Salud, afortunadamente pocos, con 3 días o más de demora. No se puede decir lo mismo en las peticiones desde AP de una analítica o radiología básica con retrasos habituales de 7 días o más, que antes no existían y que se pueden atribuir a los recortes pero también a deficiencias organizativas.

Un grave problema es el acceso desde AP a las pruebas diagnósticas y los servicios de especialidad, aunque sujeto a una alta variabilidad. La respuesta es mejor en los servicios médicos que los quirúrgicos. Así, Medicina Interna o Endocrino tienen demoras de menos de 2 meses en consulta normal y de 10 días en preferente, pero la mayoría de los servicios tienen grandes esperas, incluso de más de 9 meses en consulta normal y de más de mes y medio en consulta preferente.

La situación es aún peor en las pruebas diagnósticas: En el mejor de los casos son más de tres meses de espera por una Ecografía de curso normal o más de 6 meses por una Colonoscopia. En pruebas de imagen las demoras para un TAC son superiores a 1 año en petición normal y todavía más prolongadas en la Resonancia Nuclear Magnética.

Las listas quirúrgicas también son enormes, tanto la demora media como los pacientes con más de 6 meses, como reconoce la propia Consejería de Salud.  En algunas patologías la situación es crítica, como ocurre con la cirugía valvular o coronaria, en donde no se debería de exceder de dos meses de demora, como establece el Acuerdo del Ministerio con la Sociedad de Cirugía Cardíaca.

En conclusión, estamos ante una ruptura de la equidad y una deslegitimación de la Sanidad Pública. Las soluciones son necesariamente sistémicas y no aisladas o coyunturales. Aunque los recortes son parte del problema, hay otras causas  de organización, eficiencia, uso indebido de los recursos y consumismo de la demanda. Por otra parte, la gestión es muy deficiente: No hay transparencia, las estadísticas no son reales y los datos no están verificados con la tendencia a falsear las cifras con trucos contables. No hay participación ni control social.

Nuestro decálogo de propuestas

1.  Transparencia en la información y la publicidad. Se requiere un protocolo de registro de entrada en las listas y métodos estandarizados para medir la longitud de la lista y los tiempos de demora. Como primera medida se debe auditar el acceso a los centros de salud, consultas hospitalarias, pruebas diagnósticas y cirugía para conocer la realidad sin maquillajes.

2.   Crear una Oficina centralizada de gestión de las listas de espera con participación directa ciudadana y profesional. Su misión será asegurar la información, el seguimiento y la evaluación de los resultados. La ciudadanía tiene que implicarse en la gestión y la toma de decisiones.

3.  La información, educación y participación ciudadana son las claves para modular la demanda y frenar el consumismo sanitario. Poco o nada se ha hecho al respecto. La administración tiene que ceder poder y los ciudadanos tienen que asumir responsabilidad.

4.   Establecer criterios de entrada y priorización. El tiempo de espera como único criterio de gestión contradice otras necesidades de los pacientes: No siempre el paciente que más tiempo espera es el que más necesita. Hay que priorizar la suma de la necesidad clínica, la necesidad social y la necesidad funcional con un sistema de puntuación que valore los distintos factores.

5. Revisar periódicamente las listas (cancelaciones, etc.) para su actualización.

6. La intervención sobre las listas tiene que estar descentralizada porque en primera instancia corresponde a la responsabilidad profesional de los servicios, con criterios normativos, control e inspección desde las gerencias y la Oficina Central de las Listas de Espera.

7.  Poner recursos allí donde se comprueban insuficiencias: No a los recortes. En todo caso, el aumento de la oferta no siempre es la solución y en algunos casos puede incrementar la demanda si no hay un análisis riguroso previo. Poner énfasis en la atención integral y personalizada y en incrementar la capacidad de AP y la coordinación de niveles.

8.  Generalizar las consultas y procedimientos de “Alta Resolución” mediante un programa de promoción e incentivación de estas consultas y la ambulatorización de cirugías y procedimientos.

9. Exigir eficiencia donde no la hay. Uso apropiado de los recursos con criterios de coste-efectividad y medidas activas de desmedicalización.

10.  Las peonadas y los enfoques parciales son ineficaces. Los fondos selectivos para reducir los tiempos y las listas, tienen éxitos iniciales pero suelen tropezar con un incremento de los casos urgentes, crean incentivos perversos y no mejoran los resultados a largo plazo.

Asturias, noviembre de 2015

Informe de la Plataforma para la Defensa de la Sanidad pública de Asturias

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