Atención médica y beneficios para la salud

La atención médica no siempre fue un gigante económico, como ha ocurrido en el último siglo cuando la asistencia médica se multiplicó por diez. Antes de eso, la salud era marcadamente más pobre. La esperanza de vida de un bebé promedio nacido en 1900 fue tres décadas menos que en 2015. Pero, ¿hasta qué punto es el aumento de la atención médica la fuente de la mejora de la salud?

Gasto médico EE.UU. como proporción del PIB, 1800-2016

Los estudios de Thomas McKeown en Inglaterra concluyeron que la atención médica en los siglos XVIII y XIX no contribuyó a la reducción de la mortalidad, mientras que la reducción de la mortalidad si se asociaba a factores ambientales, (McKeown 1955). También durante el siglo XX, las medidas médicas desempeñaron un papel menor en comparación con la mejora de la nutrición y la mejor higiene (McKeown 1975). El economista ganador del premio Nobel, Robert Fogel, argumentó además que los cambios a largo plazo en la esperanza de vida se debieron principalmente al aumento de la productividad, especialmente en la agricultura (Fogel, 2004). El demógrafo Samuel Preston atribuyó una vida más larga a los avances en salud pública,

Una mirada más cercana, sin embargo, revela una situación más compleja, cuando rastreamos el desarrollo de la atención médica y la extensión de la longevidad en los EE. UU, (Catillon et al. 2018).  

Figura 2 Esperanza de vida al nacer en los Estados Unidos, 1800-2016

Fuente : Hacker, basado en Fogel y Haines.

Poco cuidado médico, vidas cortas (1800-1880)

Desde 1800 hasta aproximadamente 1880, la atención médica fue escasa y con un desarrollo muy reducido, y la esperanza de vida promedio en los EEUU fue de 43 años en 1800 y de 46 en 1880 (Hacker 2010). Durante el siglo XIX mejoró la comprensión de la enfermedad y de la fisiología y la anatomía, pero este progreso apenas se tradujo en intervenciones médicas útiles para los pacientes. Las enfermedades infecciosas fueron la principal causa de muerte. Las personas enfermas estaban más seguras en casa que en el hospital. Los gastos en salud permanecieron limitados a aproximadamente el 2% del PIB, con un crecimiento de solo un 0,2% anual (Catillon et al. 2018).

Al final de este período, la ciencia médica allanó el camino para el desarrollo de intervenciones de salud pública que otorgaron prestigio y autoridad a la profesión médica, incluso antes de que la atención terapéutica pudiera tratar enfermedades individuales de manera efectiva (Starr, 1977).

El inicio del crecimiento de la asistencia médica (1880-1935)

Durante el período 1880-1935, los avances científicos llevaron a la especialización de los médicos y el gasto médico comenzó a acelerarse, alcanzando un sólido crecimiento de + 1% por encima del PIB en 1910 (Lough 1935, Getzen 2017). Las mejoras en la salud pública explicaron la mayor parte de las ganancias en la esperanza de vida durante este período (Cutler y Miller 2005, Alsan y Goldin 2018). La reducción de la mortalidad por enfermedades infecciosas, en su mayoría en beneficio de los grupos de población más jóvenes, coincidió con las mejoras a gran escala de la salud pública, especialmente el agua potable y el saneamiento.

En todo caso, el crecimiento en la atención médica no explicaba en este período las mejoras en la esperanza de vida en estudios de todas las ciudades y pueblos de Massachusetts (Catillon et al. 2018). Filtrar el agua redujo la mortalidad, pero no el tener más suministros de atención médica.

La revolución de los antibióticos (1935-1960)

El período 1935-1960 representa las primeras intervenciones de atención médica generalizadas para tratar enfermedades infecciosas: Sulfamidas a fines de los años treinta y penicilina a mediados de los años cuarenta. Se estima que las sulfamidas disminuyeron la mortalidad un 6% entre 1937 y 1945 (Thomasson y Treber 2008, Jayachandran et al. 2010). Mientras que el impacto de la penicilina es más controvertido (Hemminki y Paakkulainen 1976).

La era de la gran medicina (1960-2015)

Entre 1960 y 2015, el gasto médico en EEUU se disparó del 5% del PIB en 1960 al 18% en 2016. Durante este período, su contribución a la disminución de la mortalidad se debió a una disminución de la letalidad por enfermedad cardíaca y, en menor medida, a la enfermedad cerebrovascular (accidente cerebrovascular) y al cáncer.

Sin embargo, aunque la proporción de gastos médicos para ancianos (personas de 65 años o más) y adultos (menores de 65 años) aumentó de 1953 a 1988, empezó a disminuir a partir de esa fecha en los EE.UU. reembolso).

La desaceleración

Los investigadores están de acuerdo en que hay una desaceleración reciente en los gastos nacionales en salud en todos los grupos de edad, pero hay poco acuerdo sobre exactamente por qué y cuándo comenzó. Cutler y Sahni (2013) consideraron el papel de la recesión y estimaron que representaron el 37% de la desaceleración entre 2007 y 2012. Señalaron que una disminución en la cobertura de seguros privados y los recortes en algunas tasas de pago de Medicare representaron otro 8% de la desaceleración, dejando sin explicación el 55% de la desaceleración del gasto. Los investigadores que se preguntaron si la Ley de Asistencia Asequible podría explicar parte de la desaceleración llegaron a conclusiones mixtas sobre la importancia de su contribución (McWilliams et al. 2013, Song et al. 2012, Colla et al. 2012).

Cualquiera que sea el caso, la desaceleración comenzó a principios de la década de 2000, antes de la implementación de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio. Chandra et al. (2013) argumentaron que las tres causas principales de la desaceleración fueron el aumento en los planes de seguro con deducible alto, los esfuerzos a nivel estatal para controlar los costos de Medicaid y una desaceleración general en la difusión de nuevas tecnologías, particularmente para el uso de la población de Medicare. 

La difusión de tecnologías utilizadas anteriormente entre los ancianos y la población no mayor (por ejemplo, reemplazo electivo de cadera o rodilla para personas con artritis severa) podría explicar algunos de los cambios relativos, pero no es la historia completa. La reciente reducción en el crecimiento relativo del gasto médico en personas mayores de 65 años y la desaceleración de la tasa de crecimiento real del gasto para todos los ciudadanos aún no se han comprendido. 

Figura 4 Incremento del gasto médico por año de vida agregado, por década

Implicaciones y lecciones para la política

La contribución de la atención médica a las ganancias en esperanza de vida cambió con el tiempo. Nuestro análisis sugiere que el lado de la oferta (el crecimiento del sistema médico), no el lado de la demanda (impulsado por el efecto de las intervenciones médicas), explica por qué la medicina representa en la economía más hoy que en el pasado.

La productividad del gasto médico parece estar disminuyendo, pero la estabilización en las últimas dos décadas del aumento del gasto médico por año de vida adicional sugiere que la continua explosión en el costo no es inevitable. Los cambios tecnológicos actuales (incluida la genética y la medicina personalizada) y las reformas sistémicas (incluida la forma en que se paga la atención médica) podrían tener el potencial de aumentar el valor de la atención médica e incrementar su tendencia positiva.

Firma para que se publiquen los datos oficiales sobre la incidencia de cáncer de cuello de útero

Hola a todas y todos,

Desde la red CAPS hemos elaborado un documento sobre el aumento de cáncer de cuello uterino que se está produciendo en varios países.

Qué se pide
Que las autoridades sanitarias que investiguen y publiquen los datos de la situación del cáncer de cuello de útero en España, a fin de comprobar si está aumentando desde la implantación de la vacuna del papiloma, como está ocurriendo en otros países (Suecia, Dinamarca, Reino Unido, Australia), países cuyos datos actualizados son accesibles.

Recogida de firmas
Os mando el link al documento y al formulario de firmas para que lo firméis si estáis de acuerdo. Si firmáis, no olvidéis poner vuestra profesión, lugar de trabajo (si es relevante) o entidad de colaboración, y ciudad. También que sois de la Red-Caps (para darle la mayor visibilidad posible)
https://forms.gle/zxEGCv3P7YsqE7DM8

Difusión
Podéis hacer la difusión que consideréis oportuna, preferentemente entre profesionales de la salud  para darle mayor peso a la petición.

La idea es, cuando se constituya el nuevo gobierno, enviárselo a la ministra (o ministro) y pedirle cita.

Un abrazo

8,5 millones de españoles en situación de exclusión social

El informe de Cáritas, la ONG de la Iglesia católica, es uno de los más fiables de los que se difunden en nuestro país.

El último informe de Cáritas se ha elaborado a partir de 11.600 encuestas realizadas en todas las comunidades y con la participación de 130 investigadores de una treintena de de universidades. Este informe señala que 8,5 millones de personas (el 18,4% de la población española) sufren exclusión social. Esto significa que hay 1,2 millones de personas más en esta situación que antes de la crisis. De los 8,5 millones, casi la mitad (4,1) están en situación de exclusión social severa por inseguridad de vivienda, desempleo persistente o precariedad laboral extrema.

Tres bloques de riesgos sociales

En el VIII Informe FOESSA se identifican tres bloques principales de riesgos sociales, que afectan con más fuerza a la sociedad insegura y a la sociedad estancada.

  1. La pérdida de calidad de nuestra democracia.

Estamos arriesgándonos a que se vacíe de contenido ético y redistributivo, y se reduzca a un mero expediente político donde se enfatizan las formas y se guardan las apariencias. Estamos sustituyendo los vínculos por las conexiones. Las personas con bajos ingresos y en exclusión social participan menos en los procesos electorales: se registran tasas de hasta el 75% de abstención en los barrios más desfavorecidos, que constituyen un precariado político que no participa en los canales tradicionales de representación.

Esto provoca que su voz desaparezca de los procesos electorales. Si las personas excluidas no votan, no entrarán en la agenda política, y si a la agenda política no le interesa fomentar su voto, esto ahondará más en su situación de exclusión social.

  1. La desigualdad en sus diferentes dimensiones.

En primer lugar, la vivienda es un motor elemental de la desigualdad y un factor clave en las dinámicas de exclusión social. El acceso a una vivienda digna se ha convertido en un derecho inaccesible para muchas familias, que sufren la inseguridad y la inadecuación de su hogar, y tiene una influencia notable sobre los recursos económicos, sobre el estado de salud y sobre los proyectos vitales de los más jóvenes.

– En los últimos dos años el alquiler ha subido un 30%.

– Dos millones de personas viven con la incertidumbre de quedarse sin vivienda.

– El 11% de la población vive bajo el umbral de la pobreza severa, una vez descontados los gastos o deudas relacionadas con el pago de la vivienda y los suministros de la misma.

En segundo lugar, el desempleo. A pesar de su reducción progresiva, es una realidad persistente y ahora menos protegida, lo que, junto con la precariedad, manifestada en temporalidad, parcialidad e itinerarios cíclicos que alternan períodos cortos de empleo con otros de desempleo, generan trabajadores pobres y excluidos, y limitan las posibilidades de integración de muchos colectivos.

La desigualdad en el mercado de trabajo está imponiendo el discurso de que el éxito final reside en la consideración del empleo como un privilegio y no como un derecho. Es, además, un privilegio con respecto a los demás. La precariedad laboral se ha convertido ya en una forma de vida de forma estructural en nuestra sociedad.

– El 14% de las personas que trabajan están en exclusión social.

– Uno de cada tres contratos temporales dura menos de siete días.

– El 15,1% de los hogares sufre inestabilidad laboral grave (son hogares en los que la persona principal ha pasado por 6 o más contratos, o por 3 o más empresas, o ha estado 3 o más meses en desempleo durante el último año).

– Aunque se ha conseguido reducir la exclusión por el empleo en un 42%, sin embargo 1 de cada 4 personas activas del conjunto de la población se encuentran en situación de exclusión del empleo. Si miramos solamente a las personas en exclusión social, serían 1 de cada 2.

– El 20% de las personas en hogares con al menos una persona desempleada no ha realizado ninguna formación ocupacional en el último año.

Una característica que nos diferencia de otros países de nuestro entorno y de un tamaño y desarrollo similar es que en la exclusión social en España va de la mano la mezcla de baja calidad en el empleo y costes elevados de la vivienda. El 37% de los excluidos del empleo lo están también en la vivienda.

En tercer lugar, las familias con niños y la juventud están más expuestos a la exclusión social.

– El 33% de las familias numerosas y el 28% de las familias monoparentales se encuentran en exclusión social.

– El 21% de todos los hogares con menores se encuentran en exclusión social.

– La Encuesta FOESSA constata que cuando uno nace y se cría en un hogar con escasos bienes materiales y con ingresos reducidos aumentan las probabilidades de instalarse en el pantano de la vulnerabilidad. Los que se criaron entre dificultades duplican a los que no crecieron entre penurias: esta es la marca de la transmisión intergeneracional de la pobreza. Y esa marca no para de crecer.

En cuarto lugar, las desventajas de las mujeres para vivir de forma integrada afectan a todas las dimensiones de la exclusión social. Destaca la brecha de ingresos en el empleo y en las prestaciones, su mayor riesgo de empobrecimiento, su acceso más precario a la vivienda, las diferencias en el estado de salud y la mayor exposición a situaciones de aislamiento social.

– Una mujer necesita trabajar 1,5 horas más al día para ganar lo mismo que un hombre. Si esa mujer es inmigrante, 2 horas más.

– Cuando una mujer es la sustentadora principal del hogar tiene más problemas económicos para acudir a ciertos servicios médicos (odontología, tratamiento psicológico, podología).

– Los hogares sustentados por mujeres tienen que reducir con más intensidad los gastos de suministros de la casa y los gastos en comunicaciones. Y tienen más retrasos en los pagos de recibos o en los pagos de alquiler de la vivienda.

– Soportan, además, mayor volumen de amenazas de pérdida de vivienda, mayores cambios de residencia, mayores estrategias de tener que compartir casa con gente que no conocen, o tener que alquilar una habitación a otros, o mayores retornos a la casa paterna.

Por último, están los riesgos frente a la salud.

– La exclusión social y no la pobreza monetaria tiende a duplicarse en las personas con discapacidad. El 30% de ellas se encuentran en situación de exclusión social y un 16% en exclusión social severa, el doble que las personas sin discapacidad.

– El 8,8% de la población ha dejado de comprar medicinas, seguir tratamientos o dietas por problemas económicos.

– El 15% de la población no puede acceder a un tratamiento bucodental porque no se lo puede permitir.

Leer más en caritas.es

VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España (Documento completo)

VII Informe sobre exclusión y desarrollo social en España (Resumen ejecutivo)