A propósito del gasto sanitario en Asturias

Hace unos días publicamos una entrada sobre el último informe de la FADSP, en donde se ofrecen las previsiones de 2.019 del gasto sanitario en las Comunidades Autónomas, con el hecho destacado de que Asturias está a la cabeza del conjunto del país con un gasto per cápita anual de 1.717 euros, si bien la tendencia general de casi todas las autonomias es al incremento es del gasto destinado a la sanidad. Cabe enfatizar, así mismo, que hay CC.AA que tienen un gasto per cápita  notablemente inferior, hasta 600 euros menos, lo que es indicativo de las diferencias que en forma de inequidad se están estableciendo entre los distintos sistemas de salud autonómicos, en la medida en que las diferencias presupuestarias se puedan trasladar a diferencias injustificadas en el acceso,utilización o calidad de los servicios,

En la valoración de estos datos se deben de hacer algunas consideraciones iniciales: De un parte, son datos brutos, es decir, no están estandarizados por edad, patologías u otros factores. Es decir, Asturias por ejemplo tiene una población muy envejecida y con una gran incidencia de cáncer, lo que tiene una gran influencia en los costos del sistema sanitario. Segundo,  el gasto per cápita es la consecuencia de dividir el presupuesto sanitario por el número de habitantes: si baja la población, como ocurre en Asturias (con una grave crisis demográfica), sube el gasto per cápita, un factor corrector que hay que tener en cuenta. .Y tercero, diez de las diecisiete CCAA tiene presupuestos prorrogados (mantinen el mismo nivel de gasto que en 2.018).

Aún teniendo en cuenta los factores mencionados, el problema de fondo es si más gasto implica mejores resultados en salud. De acuerdo con los estudios publicados, no hay en España, en el ámbito de las comunidades autónomas, correlaciones positivas relevantes entre un mayor gasto sanitario por persona y mejores indicadores de salud”. Cada día somos mas conscientes de que  existe una medicina de excesos: las actuaciones inadecuadas son ahora más por exceso que por defecto. Se confunde proactividad con hiperactividad y crece la intensidad diagnóstica y terapéutica al preferir errar por ‘comisión’ que por ‘omisión’. Se derrocha más acción que reflexión, y el ‘esperar y ver’ es ya un vestigio de un pasado más austero, pero quizá por ello de mejor sentido común clínico. La creciente fragmentación asistencial y la medicina defensiva  siguen haciendo de las suyas. Como resultado, un sobrediagnóstico y un sobretratamiento que constituyen ya, aunque silente, un verdadero problema de salud pública.

Por tanto, un mayor gasto pudiera resultar en una sobreoferta de servicios y un  mayor uso de los mismos pero no necesariamente en una mejoría en los indicadores de salud.

Y, sin embargo, hay suficientes pruebas de que la austeridad mata: Más recortes es igual a más mortalidad. Un estudio del BMJ mostraba que, entre 2001 y 2010, el porcentaje de fallecimientos en Inglaterra disminuyó una media del 0,77 anual, pero que, por el contrario, aumentó una media anual de 0,87 entre 2011 y 2014 (con las crisis y los recortes), la mayor parte de dichos fallecimientos tuvo lugar en personas mayores de 60 años y en personas internas en residencias de ancianos. Maruthappu M, Ng KY, Williams C, Atun R, Zeltner T. Government health care spending and child mortality. Pediatrics. 2015;135:e887-994. analizaron los datos de 176 países durante los años 1981-2010,la disminución del 1% del gasto sanitario se asoció a un aumento significativo de la mortalidad infantil neonatal, Al comparar según el nivel de renta, el aumento de la mortalidad fue significativamente mayor en los países de bajos ingresos. La mortalidad neonatal fue 1,31 veces mayor

Pero esta aparente paradoja tiene explicación:

1º. Las clásicas curvas de Preston que explican como el gasto sanitario se correlaciona estrechamente con los resultados en salud (linea ascendente en el gráfico) hasta llegar a un determinado nivel de gasto. A partir del cual la curva se vuelva prácticamente plana

2º. Las consecuencias de los recortes sobre los resultados en salud  (“la austeridad mata”) se deben de explicar en un contexto más amplio que el gasto sanitario. Es decir, lo que realmente aumenta la mortalidad es el deterioro de las condiciones de vida de la población (más paro, más precariedad, menos subsidios…), lo que daña la salud es el deterioro de los determinantes sociales de la salud y fundamentalmente de la pobreza. En este mismo sentido, no hay que olvidar que  los recortes no sólo inciden sobra la sanidad sino también sobre el conjunto del gasto social (deteriorando una vez más a los determinantes sociales de la salud).

Carlos Ponte. Plataforma por la salud y la sanidad pública de Asturias

 

 

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