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  • El barometro sanitario, desciende la valoración de la sanidad pública

    FUENTE. ELCOMERCIO 06/04/2026

    Asturias ha dejado de ser la comunidad con la sanidad pública mejor valorada del país. Según el último Barómetro Sanitario, correspondiente al año 2025, los asturianos le ponen como nota a su sistema de salud un 6,13, cifra que rebaja la satisfacción que mostraban los usuarios en el ejercicio anterior. Entonces, la puntuación global era de 6,72 y el Principado se situaba en los puestos de cabeza de la tabla nacional. Ahora, ocupa la duodécima posición.

    Y eso, a pesar de que el 56,7% de la población mayor de 18 años considera que el Servicio de Salud del Principado (Sespa) «funciona bastante bien» o «funciona bien, aunque son necesarios algunos cambios». Teniendo en cuenta únicamente estas dos opciones de respuesta, Asturias es la séptima comunidad en porcentaje de pacientes que se inclinan por valoraciones más benévolas cuando se les pregunta por el funcionamiento de su sistema sanitario. En lo alto del ránking está Cantabria. Y en el otro extremo, Andalucía.

    Si se va más al detalle, la atención que ofrece el 112 en situaciones de emergencia y la asistencia que dispensan los hospitales durante los ingresos son, con diferencia, las prestaciones sanitarias mejor valoradas. Obtienen una puntuación de 7,64 y 7,55, respectivamente, en la encuesta que periódicamente realiza el Ministerio de Sanidad para testar la opinión de los ciudadanos sobre el sistema público de salud.

    Sobre las listas de espera

    Es más, la valoración que se hace de los ingresos hospitalarios en Asturias es la segunda mejor del país, sólo por detrás de la emitida por los cántabros. La puntuación que reciben las consultas especializadas, sin embargo, superan por los pelos el escrutinio de los pacientes, de los que obtienen un aprobado raso. En concreto, un 5,58, la peor nota que saca la región en el Barómetro 2025. Precisamente, son las consultas externas de los hospitales las que acumulan una mayor lista de espera, llegando a batir un récord histórico el pasado mes de febrero, con más de 122.000 personas pendientes de una primera cita con el especialista.

    Y sobre listas de espera, las opiniones que recoge el Barómetro del Ministerio de Sanidad refleja un malestar considerable por parte de los asturianos. El 32% de los encuestados cree que «han empeorado». Y el 56,2%, que «siguen igual». Eso, en cuanto a los hospitales. Cuando lo que se analiza es Atención Primaria, un 22,1% de los pacientes declara que «alguna vez ha necesitado consultar» con su médico de Familia y «no he podido».

    No obstante, no es Asturias la comunidad autónoma que cosecha peores valoraciones en este sentido. Ni tampoco la que presenta mayor tiempo de demora en Atención Primaria, con 5,45 días de espera frente a los 9,15 de la media nacional. Sin embargo, la nota que los asturianos dan a este nivel asistencial es de 6,35, ligeramente por debajo de 2024. Tomando como referencia el conjunto del país, Asturias estaría en décima posición.

    Concentración frente a los centros de salud

    La opinión de los asturianos sobre su sistema sanitario se refleja en el Barómetro del Ministerio de Sanidad y en la calle. De hecho, el próximo viernes, 10 de abril, están convocadas concentraciones frente a los distintos centros de salud «para reclamar una Atención Primaria digna y un sistema público de salud de calidad».

    Bajo el lema ‘Lo primero es la Primaria’, distintos colectivos ciudadanos pretenden mostrar su malestar por la situación de un nivel asistencial que está considerado como la puerta de entrada a la sanidad pública. Las concentraciones están convocadas por una veintena de entidades, entre ellas, la Plataforma para la Defensa de la Sanidad Pública de Asturias; los sindicatos CCOO, UGT y CSI; la Sociedad de Enfermería Familiar y Comunitaria de Asturias; los colegios de Trabajo Social y de Fisioterapeutas; la Unión de Consumidores; o la Federación Gijonesa de Asociaciones de Vecinos (FAV) y la Confederación vecinal asturiana (CAVA).

    Aunque Asturias sigue siendo una de las comunidades con mayor apego a la sanidad pública, el 16,6% de la población tiene contratado un seguro privado. A lo que hay que añadir un 8,6% que dispone de él a través de la empresa en la que trabaja. En total, un 25,2% de los asturianos disponen ya de una cobertura sanitaria privada. O lo que es lo mismo: uno de cada cuatro. A nivel nacional, la suma de ambas modalidades implica al 30,7% de la población. En La Rioja es donde menos seguros sanitarios se han contratado y Baleares, donde más.

  • Universidades privadas en Asturias: negocio educativo en medio de la escasez de enfermeras

    Edurne Mezquita

    Nortes, 4 de Marzo de 2026

    La apertura de nuevas universidades privadas en Asturias, especialmente en el ámbito de las ciencias de la salud, no puede entenderse únicamente como una apuesta educativa o empresarial. Es, sobre todo, el síntoma visible de un desajuste profundo entre las necesidades sociales y la capacidad actual del sistema público para darles respuesta.

    En los últimos años, el déficit de profesionales de enfermería se ha reafirmado como uno de los principales problemas estructurales del sistema sanitario español. No se trata de un mero déficit coyuntural, sino de una escasez sostenida, alimentada por múltiples factores: el envejecimiento de la población, el aumento de la cronicidad, las condiciones laborales y la emigración de profesionales hacia otros países europeos. A ello se suma una oferta formativa pública limitada, incapaz de absorber la creciente demanda de estudiantes que buscan acceder a estos estudios y, sobre todo, de dar respuesta a las necesidades reales del Sistema Nacional de Salud. Esta desconexión queda patente en los últimos datos oficiales del Informe de Datos y Cifras del Sistema Universitario Español 2025/2026.

    Según el Ministerio de Sanidad, en España se necesitan cerca de 120.000 enfermeras para alcanzar la media europea: 6,36 por cada 1.000 habitantes frente a las 8,5 de la Unión Europea. Una cifra que se ha visto incrementada con respecto a los anteriores datos disponibles. El Consejo General de Enfermería ha advertido de que hay diferencias sustanciales en los ratios de las comunidades autónomas: mientras regiones como Navarra superan esa media (8,84 enfermeras por cada 1.000 habitantes), otras, como Murcia o Madrid, quedan muy por debajo (4,99 y 6,54 respectivamente). Asturias, con una media de 7,13 enfermeras, se sitúa ligeramente por encima de la media nacional, pero lejos aún de los estándares europeos.

    Puesto de prueba de autocovid y de autovacunación en el HUCA, FOTO: Iván G. Fernández

    Este déficit genera un efecto negativo en cadena. Por un lado, tensiona el sistema sanitario público, donde la falta de personal y la consecuente sobrecarga de trabajo reducen la calidad de la atención. No se trata de una cuestión menor: un estudio publicado por investigadores del Reino Unido en el British Medical Journal señala que cada día de exposición a la falta de enfermeras en los primeros días de hospitalización incrementa el riesgo de fallecimiento en un 8% y prolonga las estancias hospitalarias, es decir, relaciona directamente la escasez de enfermeras con el riesgo de muerte de los pacientes. Por otro lado, hay un impacto de especial intensidad que a menudo pasa inadvertido en el tercer sector, ese entramado de organizaciones sociales que actúan como red de contención para los colectivos más vulnerables. Residencias geriátricas, entidades de atención a la dependencia o a la discapacidad, programas de salud comunitaria o de intervención social dependen en gran medida de las enfermeras para sostener su actividad, por lo que compiten por el mismo talento que el sistema público y el privado, pero lo hacen desde una posición claramente de desventaja.

    En este contexto, la irrupción de universidades privadas que amplían la oferta de plazas en titulaciones sanitarias responde a una lógica de mercado evidente: demanda elevada, empleabilidad prácticamente garantizada y una oferta pública insuficiente. El nicho existe. Sin embargo, conviene no confundir la respuesta con la solución. La expansión de la formación universitaria privada en este ámbito plantea interrogantes relevantes. Por un lado, puede contribuir a aumentar el número de profesionales formados, lo cual es, sin duda, necesario. Pero, por otro, introduce dinámicas de mercantilización en un sector, el de la salud, que debería regirse por criterios de equidad y servicio público. El acceso a estos estudios queda condicionado por la capacidad económica, lo que puede reproducir desigualdades de origen y limitar la diversidad social en quienes ejercen las profesiones sanitarias. A ello se suma otro elemento crítico: el uso de dispositivos de la red sanitaria pública para las prácticas obligatorias por normativa europea, generando la saturación de los servicios con el consiguiente perjuicio para los pacientes, una mayor sobrecarga de los profesionales asistenciales y el desplazamiento del alumnado de la universidad pública, tal y como advierte la Plataforma en Defensa de la Salud y la Sanidad Pública de Asturias. Además, formar más enfermeras no basta, por sí solo, para resolver el problema de fondo; si las condiciones laborales no mejoran, si la temporalidad y la sobrecarga persisten, y si el tercer sector sigue siendo el eslabón más débil en la cadena de cuidados, buena parte de esos nuevos profesionales seguirá abandonando el sistema o migrando hacia entornos más atractivos. El propio Ministerio de Sanidad, en el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud de 2024, recoge un dato alarmante: el 39,4% de las enfermeras en activo manifiesta su intención de abandonar prematuramente la profesión en los próximos 10 años debido a las condiciones laborales no sólo referidas a las condiciones económicas, sino, y sobre todo, a la falta de reconocimiento institucional, de oportunidad para promocionarse profesionalmente y de ejercer la profesión de acuerdo a la identidad y ética profesional propia.

    Asturias reúne, además, características que intensifican este escenario: se trata de una de las poblaciones más envejecidas del país, con una demanda creciente de cuidados sociosanitarios y una presión sostenida sobre los servicios públicos y las entidades sociales. En este contexto, la apertura de universidades privadas no es casual: responde a una necesidad real, pero también a una oportunidad de negocio derivada de la incapacidad del sistema público para anticiparse y adaptarse. El auge de la formación privada en enfermería no debería analizarse como un fenómeno aislado, sino como parte de un problema más amplio. La cuestión no es sólo cuántos profesionales se forman, sino en qué condiciones trabajan, dónde ejercen y al servicio de qué modelo de sociedad. Sin una apuesta decidida por reforzar lo público (en la educación, en la sanidad y en el ámbito social), el riesgo es que la solución aparentemente más simple termine profundizando las desigualdades que pretende corregir.

  • One health («Una Salud), el futuro de la medicina

    Gittleman JL (2026) El futuro de la medicina en un mundo de Una Salud. PLoS Med 23(3): e1005042. https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1005042
    El enfoque de Una Salud, que reconoce las interconexiones entre animales, humanos y medio ambiente, y sus implicaciones para la salud planetaria y humana, ha estado presente durante décadas, pero ahora, por necesidad, se está tomando en serio. Los desastres ambientales son frecuentes y van en aumento: entre 1980 y 2024, Estados Unidos sufrió 403 desastres meteorológicos y climáticos que costaron más de 2,9 billones de dólares en costos directos y se cobraron casi 17 000 vidas [ 1 ]. Entre 2001 y 2018, los residentes de 2711 condados, que abarcan más del 75 % de la población estadounidense, experimentaron al menos una gran inundación durante el período de estudio [ 2 ] debido a fuertes lluvias, deshielo o ciclones tropicales. Estas inundaciones se asociaron con aumentos en la mortalidad por todas las causas, incluido un aumento del 15,3 % en la tasa de mortalidad por lesiones, así como aumentos en las muertes atribuibles a enfermedades infecciosas (3,2 %) y enfermedades cardiovasculares (2,1 %).

    Cada vez más, los desastres ambientales implican interconexiones en cadena de factores animales, humanos y ambientales ( Fig. 1 ) [ 3 ]. Estos vínculos no son nuevos, pero las oportunidades resultantes de la reducción del espacio y la densidad humana sí lo son: se estima que el hábitat planetario puro e inalterado es tan solo el 2,8 % de la superficie terrestre del mundo [ 4 ], aproximadamente equivalente al tamaño colectivo de Europa. La pérdida y degradación del hábitat aumentan la tasa de contactos entre animales y humanos y las sinergias entre el cambio ambiental intenso y el crecimiento de las poblaciones humanas [ 5 ]. El enfoque que reconoce los efectos inevitables de esta compresión es Una Salud.

    uña del pulgar

    Figura 1 Interconexiones entre el enfoque «Una Salud» y la medicina.

    Modelo conceptual de las interconexiones de Una Salud entre animales/plantas, humanos y el medio ambiente, influenciadas por factores antropogénicos como el transporte, el clima y las estructuras del hábitat, que afectan los niveles de contacto interconectado. Se muestran ejemplos hipotéticos (fuera de la tríada) de los impactos de Una Salud a través de aumentos y disminuciones de diversos elementos. Los avances médicos que emplean enfoques de Una Salud requerirán mejoras en la disponibilidad de bases de datos, los procedimientos de diagnóstico y la gobernanza.

    Una publicación reciente, el Informe de la Comisión Una Salud de The Lancet [ 6 ], aborda estos problemas con una hoja de ruta integral para integrar los factores ambientales y socioecológicos en la medicina. El documento describe el desarrollo histórico y los usos del concepto Una Salud, sus fortalezas (epidemiología, enfermedades infecciosas) y deficiencias (enfermedades no transmisibles, plantas), las necesidades de bases de datos y los métodos de vigilancia, así como la gobernanza y los sistemas de salud. Es importante destacar que el informe concluye con 10 recomendaciones que abarcan desde la gobernanza de Una Salud hasta sistemas de vigilancia integrados para mejorar los sistemas alimentarios y de salud sostenibles. Si bien se trata de una tarea ambiciosa debido a numerosas limitaciones (por ejemplo, la compartimentación médica, los sistemas de seguros, los costos, etc.), puede hacerse posible con enfoques audaces y colaborativos en todos los sectores. En este sentido, a continuación se presentan recomendaciones sobre cómo facilitar un enfoque de Una Salud, incluyendo la participación de los «Profesionales de Una Salud» (POS).

    Profesionales de la salud integral

    De forma análoga a como los médicos, facultativos y demás profesionales sanitarios se especializan en un campo concreto como la cirugía, la psiquiatría, las enfermedades infecciosas, etc., propongo que es imperativo que los enfoques de Una Salud desempeñen un papel equivalente, en forma de profesionales de Una Salud. Si bien los profesionales de la salud pública han colaborado con científicos ambientales médicos y ecólogos para abordar los determinantes ambientales y socioecológicos de la salud [ 7 ], es necesario integrar mejor estos datos en los entornos sanitarios para evaluar con mayor eficacia los problemas médicos e informar los procedimientos y políticas de tratamiento relacionados con los problemas ambientales que afectan a la salud.

    En este sentido, los profesionales de la salud ocupacional (OHP, por sus siglas en inglés) con experiencia en ciencias ambientales directamente vinculada a la salud humana trabajarían con médicos en áreas que enfrentan cada vez más consecuencias ambientales. Los proveedores podrían operar dentro de un equipo para aportar información y datos específicos relevantes para un problema particular, con el fin de anticipar y responder a emergencias médicas resultantes de causas ambientales como inundaciones, incendios forestales, olas de calor, etc. También hay argumentos sólidos para que los profesionales de la salud reciban capacitación en «ecomedicina» en Una Salud como parte integral de los planes de estudio para generar conciencia y mejorar las habilidades de los profesionales de la salud [ 8 , 9 ]. Será fundamental asimilar gradualmente a los OHP en equipos donde la comunicación sea clara, efectiva y específica para los problemas de Una Salud en una comunidad determinada. A continuación, describo tres ejemplos de subcampos ambientales en los que los OHP podrían integrarse para facilitar enfoques de Una Salud que informen la práctica médica.

    Integración de subcampos ambientales en la medicina con profesionales del enfoque «Una sola salud».

    El primer ejemplo de un subcampo ambiental con implicaciones directas para la salud es la ecología del fuego. Mediante herramientas como la teledetección, los especialistas en ecología del fuego pueden detectar y predecir la gravedad de las áreas quemadas y el riesgo de incendio en una zona, especialmente en aquellas que atraviesan hábitats complejos (ya sean naturales o construidos). Con datos de velocidad del viento, cobertura del suelo (índice de vegetación) y temperatura del suelo, los modelos de aprendizaje automático pueden predecir la propagación de incendios forestales en un país de 1 a 5 días [ 10 ]. En colaboración con los profesionales de la salud pública, esta información podría utilizarse para informar a los hospitales y centros sanitarios locales, ayudándoles a prepararse y tratar afecciones que pueden agravarse por el humo de los incendios forestales (como el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y las infecciones respiratorias), así como para informar las respuestas preventivas de salud pública para mitigar y minimizar los efectos negativos del humo de los incendios forestales en la salud.

    Otro campo obvio es la ecología de las enfermedades [ 11 ], que surgió rápidamente durante la pandemia de COVID-19. Aquí, los orígenes, la propagación y la contención de enfermedades como el virus del Nilo Occidental, la enfermedad de Lyme y la malaria están directamente vinculados a factores ambientales que incluyen la fragmentación del hábitat, el cambio climático y las especies invasoras, combinados con factores antropogénicos como el crecimiento demográfico, la urbanización y los viajes y el comercio mundiales. Con el respaldo de bases de datos exhaustivas (por ejemplo, GIDEON [ 12 ]), la ecología de las enfermedades es un excelente modelo para reunir con éxito la investigación interdisciplinaria de diferentes campos (ecología, evolución, epidemiología, estadística aplicada) y enfoques para comprender mejor el concepto de Una Salud y abordar el impacto del cambio ambiental impulsado por el ser humano en las enfermedades. De hecho, la relación costo-beneficio de predecir enfermedades virales alcanza ahorros económicos asombrosos, de miles de millones de dólares, sin mencionar las vidas salvadas [ 13 ]. Aquí, los profesionales de la salud ocupacional brindarán consejos específicos sobre cómo y bajo qué exposiciones ambientales (por ejemplo, temperatura, humedad, PM2.5, PM10) pueden ocurrir enfermedades infecciosas o enfermedades no contagiosas como afecciones cutáneas o respiratorias [ 14 ].

    Por último (pero no menos importante), está la ecotoxicología, una disciplina relativamente moderna, formalizada en la década de 1970 para estudiar los múltiples efectos de elementos tóxicos provenientes de compuestos inorgánicos tóxicos (como el cianuro de hidrógeno, el monóxido de carbono y el amianto), compuestos orgánicos (como el benceno cancerígeno) y radionúclidos generados por centrales nucleares. Los efectos de la exposición a toxinas son complejos; sin embargo, sabemos que incendios, inundaciones y otros eventos que obstruyen físicamente el paso de sustancias tóxicas liberan toxinas, exponiendo el hígado, los riñones y potencialmente otros sistemas orgánicos a altos riesgos de daño inducido por toxinas. Para ayudar con las estrategias de mitigación y minimizar los impactos negativos en la salud, se deben elaborar mapas de sustancias potencialmente tóxicas de las comunidades y ciudades, listos para su implementación antes y después de desastres ambientales, con profesionales de salud pública (en colaboración con ecotoxicólogos) capacitados para anticipar, investigar y evaluar el impacto potencial de sustancias tóxicas, como pesticidas, metales pesados ​​y productos químicos industriales, en la salud humana y el medio ambiente afectado.

    Priorizar los próximos pasos

    Apoyar y capacitar a los médicos con profesionales de la salud ocupacional bien formados mejorará nuestra capacidad para adaptarnos y gestionar nuestro cambiante mundo ambiental y sus impactos en la salud. El informe de The Lancet [ 6 ] corrige un aspecto importante de la formación al señalar desequilibrios entre los enfoques actuales de Una Salud animal-humana-ambiental. Por ejemplo, además de la atención a las enfermedades infecciosas, se necesita un mayor énfasis en cuestiones como la resistencia a los antimicrobianos, las enfermedades no transmisibles (p. ej., salud cardiovascular, respiratoria, neurológica), la biodiversidad vegetal y otras interconexiones actualmente desconocidas (véase la figura 1 ) [ 3 , 7 , 14 ].

    Esto no será fácil ni se podrá solucionar rápidamente. Sin embargo, las prioridades inmediatas deben incluir:

    1. Reunir bases de datos completas e integradas con unidades de escala comparables para aislar y rastrear conexiones interactivas (por ejemplo, cómo los aumentos de temperatura afectan de manera diferente las condiciones cardíacas o respiratorias en animales y humanos (ver ejemplos adicionales en [ 6 , 14 ]).
    2. Pruebas diagnósticas diseñadas para identificar toxinas en sangre u orina (por ejemplo, pruebas de micotoxinas). Muchas pruebas médicas existentes podrían utilizarse para detectar infecciones, evaluar la función de los órganos, diagnosticar enfermedades como el cáncer o la diabetes, orientar las opciones de tratamiento o monitorizar la eficacia de la atención médica en curso. Por ejemplo, se han planteado posibles vínculos entre la salud gastrointestinal (por ejemplo, la enfermedad por reflujo gastroesofágico, el cáncer gástrico, los trastornos esofágicos y las alergias) y la toxicidad del suelo, la contaminación atmosférica o las temperaturas y la humedad extremas.
    3. Modelos para predecir la probabilidad de diferentes tipos de lesiones o enfermedades previstas a causa de huracanes o inundaciones, que serán fundamentales para ayudar a los médicos a responder a los problemas de Una Salud y, al hacerlo, emplear procedimientos para enfermedades sospechadas, anomalías o el seguimiento de tratamientos.
    4. Estructuras de gobernanza que abarcan escalas locales y globales, así como agendas políticas y educativas, que priorizan sistemas de vigilancia precisos que puedan orientar la acción médica.

    En conjunto, estos enfoques colaborativos y la participación de profesionales de la salud ocupacional constituirían un paso productivo para abordar los problemas de Una Salud con mayor eficacia. Si bien se están abordando las causas y los tratamientos de muchos problemas médicos graves y debilitantes, como la demencia y la inflamación, es hora de incluir en nuestro arsenal preventivo maneras de adaptarnos y mantener la vida en un entorno cambiante. Una Salud debe considerarse un componente integral de la medicina moderna.

    Referencias

    1. Desastres de mil millones de dólares en 2025. Disponible en: https://www.climatecentral.org/climate-matters/billion-dollar-disasters-2025
    2. Lynch VD, Sullivan JA, Flores AB, Xie X, Aggarwal S, Nethery RC, et al. Las grandes inundaciones provocan cambios en la mortalidad por causas específicas en Estados Unidos. Nat Med. 2025;31(2):663–71. pmid:39753964
    3. Pfenning-Butterworth A, Buckley LB, Drake JM, Farner JE, Farrell MJ, Gehman A-LM, et al. Amenazas globales interconectadas: cambio climático, pérdida de biodiversidad y enfermedades infecciosas. Lancet Planet Health. 2024;8(4):e270–83. pmid:38580428
    4. Disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/forests-and-global-change/articles/10.3389/ffgc.2021.626635/full?ref=onfleet.com
    5. Schmeller DS, Courchamp F, Killeen G. Pérdida de biodiversidad, patógenos emergentes y riesgos para la salud humana. Biodivers Conserv. 2020;29(11–12):3095–102. pmid:32836920
    6. .Winkler AS, Brux CM, Carabin H, das Neves CG, Häsler B, Zinsstag J, et al. La Comisión Lancet One Health: aprovechando nuestra interconexión para lograr sistemas socioecológicos equitativos, sostenibles y saludables. Lancet. 2025;406(10502):501–70. pmid:40683291
    7. Estudios de caso y ejemplos del enfoque «Una Salud». Disponible en: https://www.epa.gov/one-health/one-health-case-studies-and-examples
    8. Gittleman JL. «Una sola salud» necesita ecología. Proc Natl Acad Sci US A. 2024;121(50):e2413367121. pmid:39642201
    9. Disponible  https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11307320/
    10. Shadrin D, Illarionova S, Gubanov F, Evteeva K, Mironenko M, Levchunets I, et al. Predicción de la propagación de incendios forestales mediante datos multimodales y un enfoque de redes neuronales profundas. Sci Rep. 2024;14(1):2606. pmid:38297034